En esta entrada queremos compartir con vosotros un caso práctico de como la terapia psicomotriz puede ayudar a los niños en su dimensión afectiva.
Pedro es un niño receloso y tímido, habla poco y sus gestos
son escasos y torpes. Es un niño triste y solitario. No tiene confianza, se
siente inferior a los demás. Piensa que es menos inteligente que sus compañeros
y que la opinión que se ha formado de sí mismo es compartida por los otros.
Gracias a las técnicas psicomotrices es posible cambiar el
comportamiento de Pedro. Esto se conseguirá haciéndolo participar en
actividades agradables para él. Dentro del marco de esas actividades, el niño
es inducido para que cumpla tareas completamente nuevas para su experiencia,
las que de otra manera no hubiera realizado jamás.
Gradualmente el niño adquiere soltura y rapidez en sus
movimientos. Su confianza en sus propias aptitudes y en su valía personal
resulta notablemente incrementada, y esto, a su vez, se refleja en sus
actitudes y en su relación con el entorno. Al sentirse igual que los demás,
admitirá también que ellos aprecian su compañía y ya no tratará de rehuirles.
Con este ejemplo vemos que, mediante la acción psicomotriz,
es posible modificar también la afectividad de un niño, y, por eso mismo, su
comportamiento social.

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